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Mujeres poderosas

POR Felipe Mora Arellano

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Cada vez es más frecuente escuchar sobre el empoderamiento de las mujeres. Algunas políticas de gobierno dedican fuertes sumas de dinero y recursos para programas que tienen como propósito elevar los niveles de poder de las mujeres. Organizaciones no gubernamentales y diversos movimientos de mujeres lo tienen entre sus propósitos y objetivos.

Hay diferentes concepciones de las cuales se derivan acciones encaminadas a elevar el nivel de poder. Algunos indicadores son tomados como referentes para observar el poder de manera directa o indirecta, como los grados de escolaridad, el trabajo remunerado, los vínculos y relaciones sociales, entre otros.

Estos indicadores permiten reconocer cómo las mujeres se sitúan en la estructura social. Sin embargo, suele ocurrir que aunque algunas dispongan de unidades o elementos que pueden darles poder, no los usan por factores culturales (formas de pensar) y no cambian las relaciones de subordinación de muchos aspectos de su vida. Pero ocurre que con todo y que dispongan, usen y estén conscientes de su poder, el contexto institucional que imparte justicia suele ser adverso y no  permite avanzar en el fortalecimiento de la tan codiciada equidad de género. El contexto también incluye al mundo laboral donde se ofrecen oportunidades de desarrollo y crecimiento.

Desde hace tiempo algunas revistas del mundo empresarial mexicano han incorporado en sus páginas el tema del empoderamiento de las mujeres. Analizan el lugar que estas ocupan en las organizaciones y estructuras de las empresas. Como sabemos, a diferencia de la equidad de género en los puestos de elección popular y en la composición de las cámaras, en el mundo empresarial (público o privado) no hay una cuota mínima asignada a las mujeres en los consejos de administración o en puestos de alta dirección. Tampoco se conoce de iniciativa alguna que la promueva.

La revista mexicana Expansión publica anualmente el ranking de las 100 mujeres más poderosas  de algunas empresas establecidas en México, en función del puesto que ocupan. En su número de abril, la revista dio a conocer el rango correspondiente al año 2016. De esa centena de mujeres, seis ocupan el cargo de presidentas de la empresa, 16 ostentan el cargo de directoras generales y 23 son vicepresidentas de área. 55 se ubican en puestos de directoras: de área (48), regionales (4), de complejo industrial (2) y asociadas (1). Esta distribución muestra el llamado “techo de cristal” al que la mayor parte de las mujeres no tienen acceso.

Las áreas que dirigen son la jurídica/legal/asuntos regulatorios (19%), mercadotecnia (17%), administración y finanzas (13%), recursos humanos (11%), operaciones (6%), comercial (3%), innovación (5%) y responsabilidad social (3%).

El  número de sectores es más diverso, son 22 pero los que concentran al 50 por ciento son: servicios financieros (11%), química-farmacéutica (9%), armadora (7%), alimentos (7%), comercio autoservicio (7%), servicios profesionales (6%) y bebidas y cervezas (5%).

La otra mitad se distribuye en un  número importante de sectores como equipo eléctrico, química y petroquímica, bebida y alimentos, computación y servicios, holding, materiales para la construcción, medios, restaurantes, tecnología diversificada, cemento y materiales, productos de consumo, telecomunicaciones, aeroespacial, petróleo y siderurgia y metalurgia.

Las cinco profesiones más importantes que ostentan son: administradora de empresas (15%), ingeniera (15%), derecho (11%), contadora pública (10%), mercadotecnia (10%) y ciencias de la comunicación (10%). El resto son profesionales en psicología, economía, medicina, relaciones internacionales, matemáticas aplicadas, químico farmacéutico biólogo, actuaria, física y otras.

Casi dos de cada 10 de esas mujeres se formaron en universidades internacionales, 48% en universidades privadas y 12% en la UNAM. Siete de cada 10 son mexicanas.

La edad promedio de ellas es de 47 años, la menor tiene 32, y la mayor 64 años.  El estado civil es 68% casadas, 22% solteras y 10% divorciadas.

Sin embargo, con todo y los elevados cargos que ocupan, 51% refirieron haber sufrido inequidad de género en las empresas, 34% no la padeció y 15% guardó silencio.

Desconozco si hay estudios de esta naturaleza que den cuenta de la situación de las mujeres en las estructuras de mando de empresas de Sonora. Me atrevo a decir que deben ser muy contados si acaso inexistentes.

Las universidades de la entidad tienen una matrícula mayoritariamente femenina y cada año llegan al mercado profesional un importante número de mujeres. Conviene estudiar cómo y en qué condiciones llegan a esas estructuras ocupacionales. Saberlo nos indicaría cómo gana terreno el empoderamiento de las mujeres, al menos medido de esa manera, a qué costo personal y familiar.

Felipe Mora Arellano es profesor de tiempo completo del Departamento de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Sonora. fmora@sociales.uson.mx

Acerca del autor

Felipe Mora Arellano es profesor de tiempo completo del Departamento de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Sonora.

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