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Otra vez la Unison

POR Felipe Mora Arellano

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En teoría, cada año los sindicatos debían revisar con sus empresas e instituciones lo relacionado a su situación salarial y aspectos que impactan su economía. Y cada dos años, por lo general y también en teoría, revisarían sus contratos colectivos de trabajo, donde además de los puntos anteriores están indicadas otras condiciones y compromisos pactados de carácter laboral y social.

Según la Encuesta Nacional de Ocupación y Empleo (ENOE) del primer trimestre de 2015, en México había 4 millones 289 mil 936  trabajadores sindicalizados, que equivalía al 8.9% de la población ocupada (49’806,064), mientras que en Sonora había 158 mil 974 sindicalizados, equivalente al 12.3% (1’296,460).

Nuestro estado ocupaba el sexto lugar por la proporción de sindicalizados siendo Tamaulipas (17.9%), Coahuila (17.4%) y Quintana Roo (12.9%) los que encabezan la lista. Con todo, el porcentaje de sindicalización es muy bajo y según la misma fuente en los últimos cinco años se han perdido 147 mil 269 trabajadores sindicalizados. Las contrataciones temporales y el outsourcing, esquema en el que los empleados carecen de beneficios, son las causas, según la ENOE.

Los que se emplean bajo un contrato colectivo tienen mayor estabilidad, ya que una cuarta parte de ellos permanece en su puesto de trabajo más de 10 años y hasta 20. En contraste, la mayoría de los que no están afiliados a un sindicato permanece en su empleo de uno a cinco años en promedio, según la Encuesta.

Con seguridad alguien dirá, y con razón, que muchos sindicatos son blancos (llamados de protección, creados por los patrones) o que no defienden los contratos de sus trabajadores (como los llamados sindicatos “charros”), o que en ellos hay prácticas de corrupción y dirigentes enriquecidos a costa de las cuotas (los sonados casos del sindicato de Pemex o el SNTE). Por esas experiencias se ha venido juzgando negativamente a todos los sindicatos (incluidos los democráticos) y muchas y muchos trabajadores no quieren la sindicalización.

Cabe decir que los empleadores también están organizados y se agrupan en cámaras confederadas; la Confederación Patronal de la República Mexicana (Coparmex) es un ejemplo.

Así, trabajo y empresas se organizan para la defensa de sus intereses, hecho deseable y por demás legal, porque permite a los trabajadores establecer un mecanismo real de distribución de la riqueza.

Los y las trabajadores académicos y empleados de la Unison tienen sus sindicatos y llevan a cabo las revisiones contractuales en los tiempos marcados por la ley.

Este año no es la excepción. La universidad, cierto, no es una empresa de lucro, pero como institución de servicio requiere de trabajadores para llevar a cabo una función muy importante como la educación, actividad que ha venido desempeñando por muchas décadas y ha formado a tantísimas generaciones de jóvenes.

Revisar las condiciones laborales y salariales no es sinónimo de huelga ni algo ilegal. Sin embargo, en cuanto aparece en los diarios de que la Unison ha sido emplazada a huelga la noticia causa escozor. Se escriben y vierten comentarios agresivos contra los maestros y trabajadores universitarios “que no tienen llenadera”, pues se piensa que estos ganan exorbitantes e inmerecidas sumas salariales y que tienen muy buenos contratos.

Con todo cabe la pregunta ¿es posible evitar que las revisiones contractuales y salariales terminen en una huelga? La respuesta es sí se puede lograr, como ocurrió en el reciente caso del Isssteson, donde se evitó afectar a muchísimos afiliados y gente enferma y se atendieron las demandas de los agremiados. Pero siempre habrá  consecuencias de una huelga, tanto en instituciones públicas como en empresas privadas.

Para evitar una huelga es preciso atender durante todo el año las relaciones laborales, cultivarlas, respetar acuerdos y hacerlos respetar, resolver a tiempo los normales conflictos en las relaciones y detectar sus fuentes. También hacer buenas gestiones para hacerse de recursos financieros, evaluar el desempeño administrativo, evitar tanto su crecimiento como su carga económica. Sólo por mencionar algunas tareas.

En esta ocasión, además de las legítimas aspiraciones económicas existe en la Unison un punto de tensión que puede llevar a la huelga, al menos por la parte académica. Se trata del Estatuto del Personal Académico (EPA), que fue reformado recientemente a propuesta de la administración universitaria  actual y aprobada por la mayoría de los miembros del Colegio Académico. El sindicato académico, Staus, había advertido que el EPA debía ser revisado por la administración y el gremio en virtud de que afectaba las relaciones laborales y traería consecuencias graves para el desempeño y la motivación del personal con efectos negativos para la vida académica; no era una “armonización” pues, de haberlo sido, no generaría conflicto (dese tiempo para consultar http://www.staus.uson.mx/anuncios_fijos.php?id=240).

A pesar de ello, los cambios al EPA se dieron y el resultado pone a la opinión pública a decir: “otra vez la Unison”.

La universidad es una institución compleja en su vida interna, poco se conoce de ella al exterior y está sometida a fuertes presiones. Nada más alejado de ser un espacio puro y transparente. Humberto Muñoz, destacado académico de la UNAM y exmiembro de la Junta Universitaria de la Unison, escribió recientemente: “Los actores universitarios tienen relaciones de armonía y conflicto. Pero viven en un campo de lucha, de tensiones e intereses, por la obtención de posiciones de poder y dominación”. Añade que hay una  “sobreevaluación de la vida académica…relacionada con el proceso de desinstitucionalización de las universidades públicas…proceso (que) tiene muchos efectos, entre ellos el debilitamiento de las identidades con la comunidad académica, y la consecuente ruptura de lealtades”. Además,  vive una  “desocialización, correspondiente a un creciente individualismo…y la despolitización de los académicos”. Este ambiente también impacta directamente a los estudiantes y a la sociedad que sostiene a la universidad.

En junio de 2015, el entonces Diputado Vernon Pérez Rubio entregó  al Congreso del Estado una iniciativa de reforma a la Ley Orgánica 4 de la Unison en cuya exposición de motivos señalaba que “la inestabilidad laboral y educativa por motivo de conflictos entre la rectoría y los sindicatos universitarios es un síntoma de… problemas estructurales… problemas agudizados y mostrados más recientemente por el desempeño de la administración actual… y se encuentra en riesgo de entrar en un camino de disfuncionalidad institucional”.

Para el exlegislador, un síntoma de los problemas estructurales es “la falta de capacidad y, a veces, de voluntad política de la administración…”. Tres eran los problemas estructurales identificados por él: “1. Concentración inadecuada del poder en la figura del rector y su degradación como figura institucional. 2. Junta Universitaria con escasa representatividad democrática. 3. Junta Universitaria débil, sin facultades para interceder ante actos de arbitrariedad administrativa”  (Consúltese La Gaceta Parlamentaria, junio 23, 2015. Año 9, No. 739, págs. 5 -20). Algunos académicos le hicimos saber que a los anteriores puntos habría que sumar otros elementos y hacer varias precisiones e incorporaciones a su iniciativa.

Así pues, en ese contexto se inscribe la tensión por el EPA y  muchos académicos concluimos que la Unison amerita una refundación. Pero por lo pronto, para que no se repita la expresión de “otra vez la Unison”, convendría que el Colegio Académico (y el rector, quien lo preside) que aprobó la reforma al EPA, diera una pausa para revisar el estatuto con la participación de la comunidad no restringida a un órgano formal, valore en serio las consecuencias para la vida actual y futura de la universidad y reflexione con responsabilidad la función de la universidad pública.

No debemos olvidar que la Unison ha formado a múltiples generaciones en la entidad, ha dado muchas y más buenas noticias y satisfacciones en docencia, investigación, artes, deporte y sobre todo, puede seguir constituyéndose en un espacio de libertad y promoción del pensamiento crítico.

Felipe Mora Arellano es profesor de tiempo completo del Departamento de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Sonora. fmora@sociales.uson.mx

Acerca del autor

Felipe Mora Arellano es profesor de tiempo completo del Departamento de Sociología y Administración Pública de la Universidad de Sonora.

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COMENTARIOS

1 Comentario

  • Sol Cruz dice:

    Es agradable conocer este lado de la moneda, aún como alumna, desconozco los sucesos por los que psn los docentes.

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